jueves, 21 de julio de 2016

Ser “PRO”; entre la “felicidad” y la renuncia a la libertad

La sigla de Propuesta Republicana (PRO) no es una coincidencia, su significado al igual que la campaña llamada ‘revolución de la alegría’ (que devino en un gobierno de facto conservador) tensiona lo discursivo con la práctica y convoca a las masas por el miedo y el odio. Por Renzo Righelato*.

Según el diccionario de Latín VOX, prȯ es una preposición de ablativo que puede significar, entre otros usos, “por”, “en virtud de…”; “en defensa de…”; “en sustitución de…”. La Real Academia Española (RAE) explica que en castellano pro viene del latín vulgar  prode ‘provecho’ y este del latín prodest “es útil”.  Pro, puede ser “una ventaja favorable”; “provecho o utilidad”; puede significar (según la relación sintagmática) una locución adjetiva de una persona que cumple puntualmente sus obligaciones o se distingue por sus buenas cualidades; o, también, puede ser una locución propositiva “a favor de…”.
Ingenuo sería pensar que quienes gobiernan el país no maquinaron finamente su imagen; una       “revolución de la alegría”, un concepto apreciado por el movimiento obrero y el socialismo utilizado para llevar adelante la contra-revolución, la restauración de aquel orden cuestionado en el 2001, proceso que inició el kirchnerismo y continuó su fiel legatario el PRO.
Para estar en el poder se valió del odio (como ahora pasa en Estados Unidos entre Republicanos y Demócratas y como pasó en Inglaterra ante el Brexit) ocultando su profunda matriz ideológica con la farsa del fin de la ideología. Sus globos de colores, la música y sus discursos vacíos que componían una escena calculada sugerían un estadio de felicidad como el fin en sí, el telos, una propuesta hedonista (bien contemporánea) en contraposición al imperativo categórico de la historia: la libertad.
La sigla fue parte de la composición, no fue algo naíf, ya que “ser pro” reflejaría, conceptualmente, un estado ideal del ciudadano ante las Leyes, como hijos de su tiempo.
No hubo farsa. El Estado ideal del macrismo es el orden del status quo, que su antecesor contuvo, al mejor estilo peronista “pseudo-bonapartista”, conciliando las clases, aunque discursivamente se ideó un enfrentamiento con la burguesía y el clero (por momentos).
La propuesta de Mauricio Macri no es más que una profunda radicalización del traslado del capital de los asalariados a los dueños de los medios de producción; un fuerte ajuste sobre la clase trabajadora que implicó la pérdida del poder adquisitivo, el aumento de la tasa de desempleo y el paro.
El gobierno ya deviene en un movimiento de masas que odian “a los pobres que tiene planes sociales”, que reivindican a los genocidas del golpe de Estado cívico-militar-clerical del ’76, que incluyen en reuniones a militantes neonazis, que obligan a los que menos ganan a hacer un “sacrificio” por la Nación mientras las arcas de los que más tienen se siguen llenando.
La pugna entre el peronismo y alianzas antiperonistas (ambos conservadores) siempre tiene la misma fortuna y son movidos  por la criminalización del “otro” y el miedo a la pérdida.
Pero lo grave de este cuadro es que la paradoja se presenta en el seno de la clase trabajadora que quiere ser PRO y “alegre”, ya que renuncia a su identificación con el que menos tiene por una falsa representación (falsa-consciencia) impuesta (acrítica) con el azote de los medios masivos de comunicación.
Son los trabajadores quienes sufren el síndrome de Estocolmo, son ellos los que reeligen su propio martirio, su victimario, porque prefieren la “felicidad” a libertad, entendida como auto gobierno, autonormatividad y derecho a la palabra, i.e., autodeterminación.
* Renzo Righelato, director periodístico de AIM.

viernes, 18 de septiembre de 2015

Los reaccionarios minan la emancipación del ciudadano

Los gobiernos nacional y provinciales avanzan sobre la laicidad en las escuelas públicas, instalan en una feria de ciencia un día destinado a la revelación divina, financian la religión y desarticulan las escuelas públicas como estrategias de vaciamiento ideológico. La Bildung es acorralada por mercenarios con falsa conciencia que se arrodillan ante el capital y la religión.


La violencia está naturalizada. El Estado argentino profundizó en estos doce años la alianza con uno de los Estados monárquicos más perversos que utilizan la debilidad del sujeto para subordinarlo al pensamiento mágico, i.e., el Estado del Vaticano de la Iglesia Católica Apostólica Romana.
El discurso populista del kirchnerismo y el del fin de la ideología del PRO tienen los mismos objetivos: destruir las instituciones públicas, eliminar el pensamiento crítico y fomentar los negocios con sus aliados históricos. Los paradigmas son los mismos, los grandes conciertos nac&pop y el farandulismo con globos de colores y un aire ‘canchero’ buscan entretener a las masas como el fútbol y la religión.
Pero detrás de las cadenas adornadas con flores existe una trama estratégica que no sólo destruye la libertad del sujeto sino que oculta negocios multimillonarios como la mercantilización de la educación financiada por el propio Estado, las exorbitantes exenciones para el clero, los subsidios para la casta religiosa y los salarios pagados a panegiristas de la religión.
Cada vez más lejos estamos de la Bildung, ya que los dirigentes políticos reforzaron el connubio con la religión y se animan a llevar al absurdo su propia hipocresía, como se observó en Tecnópolis con el festival “Jesús Fest”.
Pero no sólo se trata de que religiosos tomaron la supuesta exposición científica más importante del país sino que eso es un síntoma de toda la tragedia.
El gobierno está dispuesto a destruir la disyunción burgués/proletario fomentando la educación pública de gestión privada que tiene la conjunción más nociva para la democracia: religión y mercancía. Es el mismo Estado quien fomenta la desigualdad y se desliga de su responsabilidad de formar al ciudadano, ya que terceriza el derecho a enseñar y aprender, fomenta instituciones que imponen ideologías en contra de sus propios intereses y las defiende con el argumento del relativismo cultural. Esta estrategia no sólo destruye la libertad de pensar al imponerse dogmas religiosos en las escuelas, sino que se magnifica la brecha en el imaginario entre “los pobres” y  “los no tan pobres” que van a la escuela pública y la autopercibida “clase media”, que envía a sus hijos a escuelas públicas de gestión privada o escuelas privadas en el país.
La idea de la paideia (παιδεια),cuyo fin (τέλος) es la areté (ἀρετή), está aún más amenazada, ya que el kirchnnerismo llegó a su propio límite. A 131 años de la sanción de la histórica Ley 1.420, que garantizó la enseñanza gratuita, obligatoria y laica en todo el país, el Frente para la Victoria desechó la norma completa y así, le abrió la puerta a la introducción de la religión en los colegios del Estado. La comedia ahora devino en tragedia, ya que las Leyes son hijas de su tiempo y la oscuridad comienza a expandirse nuevamente en el cielo de esta Nación.
Pero el connubio también se despliega económicamente, ya que el gobierno exime de impuestos al Estado del Vaticano, i. e., a la Iglesia Católica en todo el país y no sólo eso, sino que paga a sus funcionarios más de 82 millones de pesos en sueldos en base a Leyes que tienen sustento de matriz dictatorial. La ley 21.950, que estableció la asignación mensual a dignatarios católicos, fue dictada por Jorge Rafael Videla y confirmada por el ministro de Economía José Alfredo Martínez de Hoz. Los mismos “demócratas” rubricaron la ley 22.161 que previó una asignación mensual a curas párrocos de frontera. La ley 22.950, firmada en octubre de 1983 (ya de salida) por el “republicano” Reynaldo Benito Bignone, impuso el “sostenimiento para la formación del clero de nacionalidad argentina”. Sucesivos gobiernos democráticos, incluido el actual, no introdujeron cambios relevantes en esas normas.
Para cerrar la tríada el gobierno también legitima su violento vínculo con el patriarcado, ya que el nuevo Código Civil argentino establece que “la existencia comienza desde la concepción”, se prohíben las prácticas destinadas a alterar la constitución genética y garantizar el derecho a conocer la procedencia biológica de los espermas.
El hombre también es hijo de su tiempo, pero en Argentina por ignorancia, negocios y especulaciones políticas, las premisas de Aufklärung que derrotó al clero y la nobleza son desechadas no sólo por los sujetos que prefieren creen en un dios o en figuras paganas para mitigar el dolor del sujeto yecto en el mundo, sino por el Estado supuestamente encargado de garantizar su libertad y sus derechos, que es lo siniestro.
Ante esta compleja trama nos debemos preguntar: ¿Por qué la burguesía abandonó la pugna con la religión? ¿Por qué el Estado de clase abandonó sus propias banderas? ¿Por qué los sujetos prefieren ser engañados por argumentos infundados en vez de enfrentarse con el sujeto yecto que tiene sus pulsiones en el deseo de conocer?

¡Ahí estará esa rosa!

Llegó a un pequeño pueblo y se enteró que había una mujer que podía leer su destino. Quería saber;  deseaba conocer qué mundos posibles había para él. Tan afortunado, tan poderoso, tan solo. Se ocupó de rastrear a esa mujer con su famoso anillo. Estaba cansado pero no se iba a rendir. Se detuvo en un bar,  y junto a él se sentó una dama con pechos prominentes, gorda, bien vestida.

—Se equivocó de asiento —dijo él, engreído.
—No me confundí —respondió firmemente ella—. Anoche soñé que me buscabas y que algo te iba a pasar.
—¡Ah! sí, justo a usted estaba buscando —respondió y miró su impresionante anillo de cobras-. ¿Qué me puede decir usted que yo no sepa? –preguntó.
 Frau Frida lo miró y le dijo con convicción:
—Soñé con vos. Tenés que saber que sos responsable de tu propia fortuna, pero… ¡atención! algo te pasará.
—¿Qué me podría pasar? —preguntó intrigado el moreno, que tenía un peinado que parecía fijado con lengüetazos de vaca.
—En mi sueño vos encontrabas una flor envuelta en seda, adornada con diamantes.
—¿Será una nueva estrella para el circo? —preguntó intrigado, apelando a Frau Frida para aclarar esa afirmación ambigua.
—No. Vos, que logras siempre lo que te propones, vas a conocer a alguien esta noche, que nada tiene que ver con tu actual vida, que forma parte de un mundo que no conoces.
—¡Ja! Imposible –sonrió irónicamente–, todas las mujeres que quiero las tengo. No necesito una, las tengo a todas, sin importar la ciudad en la que esté.
—Pero esta mujer no es igual a las otras, te obligará a replantear tu vida; te forzará a tramar lo más maravilloso que una mujer jamás podría pensar.
—Descarto esa posibilidad, no tengo tiempo para estar con una sola, no puedo estancarme –afirmó él, quien no estaba dispuesto a abandonar su vida nómade, como lo hizo su padre.
—Claro que vos podrías evitar ese camino, pero si tus pasos son precisos ella estará ahí y no sabrás cómo conquistarla. Por más cosas que le compres, todos tus intentos serán en vano y todos tus esfuerzos inútiles, si tu verdadero ser se vela detrás de un disfraz y la arrogancia del dinero.
   Confundido se levantó, pagó y se fue.

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Frau Frida, es un personaje de Me alquilo para soñar. El autor del cuento es Gabriel García Márquez.
Horacio Fortunato es el personaje principal de Regalo para una novia, de Isabel Allende.

martes, 19 de marzo de 2013

Ahora la Iglesia transparentará su connubio con el Estado

Los dirigentes que gobiernan nunca cortaron lazos realmente con la Iglesia Católica, ya que si bien se avanzó en algunas normas hay una variable fundamental que no se reformó: la económica. Pero ahora el doble discurso se cayó y el impacto del Monarca demagogo en la política de una república de sujetos con falsa consciencia podrá ser nefasto. El imperialismo de la religión universal (καθολικός) arrodilla a millones de sujetos que creen en un monarca. Lamentablemente, la demagogia del Rey del Estado del Vaticano traerá profundas consecuencias en la política de la Nación Argentina, ya que ahora están dadas las condiciones de posibilidad para que los conservadores refuercen sus discursos por los que instan “a la paz y el diálogo” y a una ética religiosa que siempre perjudica a la clase obrera. Más allá del retroceso que implicará que Argentina ahora tenga un nuevo monarca, hay que aclarar que en el país no hubo un enfrentamiento real entre la Iglesia y el Estado nacional; esa falacia fue construida por la oposición y reforzada tanto por el oficialismo como por la misma institución religiosa que se mostraron distantes en algunos temas normativos liberales, pero en el fondo las relaciones siguen intactas, porque el Estado de Derecho argentino ampara económica e impositivamente a la Iglesia y eso no es igualdad. Son millones de pesos los que se gastan en sueldos para funcionarios del Estado del Vaticano (curas); se pierden millones de dólares por exenciones impositivas; se otorgan subsidios para reparar o erigir monumentos de un gobierno extranjero; y se financia la desigualdad en la educación pública de gestión privada, para reforzar la idea de ascenso social (fragmentando a los pobres con una nueva clase: la media y, así, romper la verdad de la lucha de clases). Esta cartografía nos permite inducir que ahora la religión en el país transparentará sus lazos con el Estado y no sólo exigirá que se sostengan tratados firmados en la última dictadura cívico-militar -cabe recordar que la relación con el fascismo también se observa en la Italia de Benito Mussolini que hizo reconocer el Estado del Vaticano, avanzó en beneficios impositivos y se entregaron millones de dólares para ayudar al representante de la Idea de dios-, sino que intentará recuperar el ‘rebaño perdido’, que podría implicar el retroceso en las pocas leyes y protocolos liberales que se aprobaron en los últimos años. “Los vientos del fin del mundo” desprecian la ciencia y la libertad en sí, valoran la revelación y las relaciones estamentales, legitiman el sufrimiento generado por el mercantilismo que los ayudó a expandirse para la salvación del sujeto (kairos), es decir, naturalizan la dictadura del capital y de las relaciones de producción, por lo que su límite es la distribución de la riqueza y eso no es igualdad. Dios es el eco de nuestro grito de dolor, afirmó Feuerbach, por lo que los pobres y los devotos sumidos en el temor a la vida por sus culpas (Schuld), educados bajo la cruz de la Iglesia y no bajo un programa cognitivo emancipador, son el objetivo. Lo positivo del Monarca es que su designación develó el doble discurso de los representantes del pueblo, por lo que ahora sabemos ante quiénes y en qué condiciones nos enfrentamos, ya que su relativismo cultural no es más que una máscara que legitima la desigualdad.

lunes, 23 de abril de 2012

La falsa consciencia de la religión y el populismo de Ignacio

No estamos en la Edad Media, ni el modo de producción es feudal, sin embargo las masas tercermundistas fieles al pensamiento mágico se agolparán en la farsa de un hombre que dice curar a la gente sin recurrir a la ciencia, una estafa. Las religiones son parte del pensamiento hegemónico que hay que abandonar, sin embargo en el tercer mundo donde la pobreza predomina y la ignorancia hunde sus raíces en las tradiciones, el hombre niega su bien más preciado: niega la libertad. Libre no es el hombre que más se acerca a la Idea de bien, sino aquel que conquista su propia libertad en el mundo terrenal, haciéndose cargo de la existencia y repudiando la ideología de la clase dominante. Miles de personas serán estafadas por un sujeto que hace creer a los desesperanzados que tiene “superpoderes” para sanar a la gente que padece enfermedades lo que podría llegar a ser una estafa, que podría implicar una denuncia penal. Los fieles, el rebaño acrítico inerte, masificado, peregrinará en Paraná para deleitar su mediocridad. La triste fe de los despojados y los cómodos será el consuelo de una farsa que les promete bienestar sin otorgárselo; será un festejo sin fundamentos, será una movilización sin objetivos, no irán a reclamar derechos, a exigir que se frene la inflación, que las mujeres no sean víctimas, que se democratice la cultura o la comunicación o políticas públicas de empleo, no. Sólo irán, como en un partido de fútbol, a deleitar la mediocridad de la media aetas, pero en un mundo globalizado, en un mundo con la técnica desarrollada, en un mundo donde la razón y la historia deben imperan. Marx dijo en 1844 que “la religión es el opio de los pueblos”*, hoy hay otros narcóticos, que colaboran con la ideología dominante (entendida como falsa representación) para evitar que el esclavo se libere de su amo, para evitar la pugna por el reconocimiento. Sin embargo, eso no le interesa a la multitud, sólo intentan desesperadamente “salvarse” en el kairos, que es el tiempo cristiano de salvación. Sólo ahora quieren evitar el dolor y no pensar en la muerte. Así, Paraná, aquella ciudad de masones iluministas, capital de la Confederación, primera ciudad con una escuela normalista está a oscuras, atada a los mediocres intereses de una institución feudal, es decir, la Iglesia Católica. Paraná dejó de ser vanguardia, abandonó esas ideas ‘peligrosas’ libertarias. Paraná, no se movilizará por la libertad, sólo lo hará por la fe y la comodidad. ** “Die Religion ... Sie ist das Opium des Volkes”, en Contribución a la Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel.

martes, 27 de marzo de 2012

Los trabajadores sufren el síndrome de Estocolmo

La mayoría de los trabajadores empelados del Estado o corporaciones sufren el mismo problema: falsa consciencia. Los abusos de las patronales y la legitimación de la violencia que ejercen los dueños de los medios de producción y sus administradores -gobernantes de turno- y sicarios -fuerzas de seguridad del Estado de clase y empresas de “vigilancia”- sólo garantizan la reproducción de un sistema que oprime a las mayorías y favorece a una minoría.


Serán perennemente hodiernos los problemas de la mala consciencia y de la falsa consciencia; la una, sujeta a las creencias de un sistema de producción feudal, ligada a la ética; la otra, producto del modo de producción capitalista. En la mala consciencia el individuo no se hace cargo de sus pesares y delega en la religión sus esperanzas y sus desdichas, lo “bueno y lo malo”; en la otra el sujeto vive velado por la ideología, entendida como falsa representación (CF. Marx 1848).

En un país del tercer mundo, subdesarrollado y productor de materias primas según la división social del trabajo, los trabajadores son insignificantes piezas de empresarios o de la burocracia estatal; el aporte al engranaje del sistema no llega a ser ni un grano de arena en el desierto y las pugnas en las vidas de los trabajadores se viven como tragedias.

En esta tragedia los personajes se ven enfrentados no frente al destino, a la providencia o a los dioses, sino al Único Dios: el Capital. Así, el trabajador se sitúa por debajo de lo que gana un trabajador del imperio en la tierra prometida (American Dream), el asalariado que llegue a ganar los 1700 dólares es un “privilegiado” en entre los que ganan100, 300, 500 o 900 dólares al mes. Pero esta escala entre los pobres trabajadores potencia la tragedia cuando el destino que le impone la ideología le hacen creer que no son lo mismo que su par que gana 100 dólares.

Los trabajadores se dejan engañar y creen en la fortuna; un ejemplo de ello son la mayoría de los judiciales-sus funcionarios y magistrados- quienes se consideran parte la aristocracia al igual que muchos representantes elegidos por el voto de la mayoría, cuando son meros empelados del Estado burocrático de clase. En ellos se refleja acabadamente la falsa consciencia, esos sujetos que accedieron a la educación superior, -que ignoran a sus pares y los cosifican, ya que los consideran marginales- son el fiel reflejo de la ausencia de reflexión, de libertad de pensamiento y de crítica. De ellos para abajo, la reproducción social de la marginación se multiplica fragmentando a la clase obrera, borrando la igualdad, cercenando la libertad y despreciando la fraternidad.

Así, los trabajadores garantizan la reproducción fascista del desconocimiento de la humanidad del otro y garantizan que quien viola los derechos de las mayorías, i. e., el Estado de Clase que sostiene la farsa burguesa en un país del tercer mundo, vivan diariamente la tragedia del síndrome de Estocolmo: justifican y se llaman “capitalistas” negando que eso que ellos defienden jocosamente es quien viola sus derechos, por lo que se torna su propia muerte encarnado que legitima la inmoralidad de la riqueza, revaloriza la meritocracia (hardwork) y fomenta la coprocracia: “señores — concluyó Napoleón — , os voy a proponer el mismo brindis de antes, pero de otra forma. Llenad los vasos hasta el borde. Señores, éste es mi brindis: ¡Por la prosperidad de la “Granja Manor!” (Rebelión en la granja, George Orwell).
Por: Renzo Righelato, cronista AIM.

sábado, 10 de septiembre de 2011

Nuestra lucha sí es contra la ideología de la clase dominante

La falsa consciencia genera Servidumbre Voluntaria. El falso carnaval y la falsa jocosa alegría de las fuerzas conservadoras (tanto los partidos tradicionales, como las llamadas nuevas propuestas) lo único que hacen es consolidar el status quo, que lejos está de modificar las relaciones de producción, por lo que reconocemos que nuestra lucha sí es contra la ideología dominante. Por: Renzo Righelato*

La idea de reforzar el concepto de falsedad es un recurso consciente (antiestético para la redacción periodística) pero efectivo en la operación que pretendo inducir, i. e., la redundancia no es casual sino que será causal. Remarcar la negatividad de lo que se presenta como alegre y victorioso nos permite comenzar a desnaturalizar un discurso que mucho omite y que poco dice y que nada real modifica y que nada sustancial plantea –aquí también existe una intencionalidad del polisíndeton que resulta poco bella, pero útil para el fin.

Algunos hablan de una “disyunción de modelos”, falso. Otros hablan de una conciliación alegre con “propuestas” entre las clases, más falso aun. La pugna por el reconocimiento es una lucha a muerte con nuestro enemigo, a saber, las patronales; una construcción colectiva y solidaria de quienes vendemos nuestra fuerza de producción en un sistema asimétrico, que legitima la violencia de un Estado burgués que defiende la propiedad privada de unos, consolida la inmoralidad especulativa bancaria y reafirma el carácter positivo de nuestra enajenación, de nuestra capacidad de autogobernarnos.

El Estado, al igual que la religión y el mercado, fomenta la pérdida de la isegoría, la isocratía y la isonomía. La falsa consciencia de un ficticio progreso y un ascenso en la escala social refuerza el procedimiento por el cual la mayoría no se reconoce en las leyes, ignora la igualdad en el diálogo y rechaza la posibilidad de autogobernarse.

§ 1. El fin de la ideología es una ideología.
Me indigné con los discursos de dirigentes que hablan de igualdad cuando lo único que se igualan son sus cuentas en dólares con la de los magnates del primer mundo; pero más me genera estupor la clase que vota a quienes negocian inmoralmente con las patronales y las palabras de mis congéneres, quienes hablan de propuestas que sólo plantean consolidar y ser funcionales a un Estado que no está para servir a los trabajadores. Este último punto es el que más me llama la atención, ya que niegan el conflicto de clases y reducen la práctica política a iniciativas paupérrimas que nada cuestionan lo establecido, i. e., traicionan el programa de la juventud: cuestionar, innovar, subvertir.

La renuncia se manifiesta como síntoma de la falsa consciencia; la renuncia al programa de la Ilustración de la burguesía puede responder a dos causas: la una, una formación cristiana o mercantilista fundada en la revelación y en pensamientos animistas que lejos están de los ideales revolucionarios; la otra, la ignorancia producto de la ausencia de reflexión crítica, por sujetarse a doctrinas nacionalistas y populistas que se constituyen en dogmas; por acción u omisión. Pero como se instaló, ninguna de estas posturas tiene nada de naif, sino que son estructuralmente funcionales a un orden, el orden, su orden, el de la relación social dominante, el del capital. Los jóvenes funcionales a los partidos conservadores saben qué hacen cuando borran de la esfera pública determinados significantes o vacían de contenido los mismos, banalizándolos y corriéndolos del Ágora, para instalarlos en la doxa infundada, objetable, opinable, fungible. Esa operación niega y rechaza la verdadera lucha de clases, por lo que se constituye en una postura moralmente reprochable, desde las clases trabajadoras.

En este contexto, podemos afirmar que no se trata de globos de colores (como en las fiestitas de niños heterónomos en sus cumples de infantes), menos aún de más televisores, más futbol, más televisión digital, i. e., narcóticos despolitizantes. El desafío, pienso, es la recuperación de los procesos dialógicos, que nos permitan reconocernos en el diálogo con nuestro par y poder afrontar a nuestros enemigos, a las patronales explotadoras protegidas por las fuerzas coercitivas del Estado de clase. Así, en la pugna por el reconocimiento venceremos y recuperaremos nuestras isegoría, isocratía e isonomía. Así, la dialéctica del amo y el esclavo se cerrará con nuestra victoria, no con un trabajo que nos enajene o un Estado que nos cosifique. Así y sólo así se concretará nuestra verdadera y auténtica lucha contra la ideología dominante por nuestra libertad. Así, en nuestra pugna (como sujetos autónomos) por el reconocimiento, por el sentido, escribiremos nuestra historia, de eso se trata: de la lucha, el polemos, por nuestra libertad.